7 de enero de 2011

Un mundo ancho y muchas veces ajeno

La OIT y los trabajadores migrantes
Plantear una estrategia global sobre los trabajadores migrantes implica un análisis exhaustivo y el diseño de legislación y programas que tomen en  cuenta  sus derechos a ser tratados con los mismos criterios de trabajadores nacionales, sus derechos a la sindicación, a condiciones laborales decentes, a horarios de trabajo y salarios dignos y por supuesto, implica también, el seguimiento de una serie de problemas sociales y violaciones de derechos humanos que le acontecen a una masa tan grande de hombres, mujeres y niños, dispuestos a hacer lo que sea por su sustento y el de sus familias.

El tema de las migraciones laborales y el empleo, es uno de los más complejos de abordar para sensibilizar a los Estados a establecer legislación justa e implementarla, puesto que está vinculado a muchos factores políticos y económicos de un mundo globalizado que requiere del trabajo extranjero, pero a la vez, busca restringir la inmigración. El problema de la percepción que hay en muchos países sobre trabajadores inmigrantes, no es nuevo, porque en mucho casos, la “epidemia” de la xenofobia, la discriminación y la demagogia, suelen ser canalizados en la figura de estos trabajadores, utilizados como chivos expiatorios de aquellos que buscan dividendos políticos inmediatos, culpándolos de la falta de empleo para los nacionales. ¡Nada más falso! Según las más recientes investigaciones sobre el tema laboral, tanto de la OIT, como de la UNESCO (Organización Internacional de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura), la ACNUR (Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, la  CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) y tantas otras,  en la mayoría de los países desarrollados, los trabajadores migrantes se ocupan de labores que los nacionales no quieren realizar, sea por las escasas condiciones de seguridad física o social que éstos ofrecen, por sus bajos salarios o por su carácter forzado, permitiendo a las naciones mantener una economía competitiva y por lo tanto, un mercado laboral más estable de lo que sería sin el trabajo de estas poblaciones de origen foráneo.
La OIT, alerta sobre el dilema de un mundo globalizado, en donde la mayoría de los países se contradicen en un discurso que busca restringir las migraciones y reducir el numero de trabajadores legales y por supuesto, ilegales, que se encuentran en sus fronteras, mientras que en la práctica, mantienen una posición muy tolerante a la explotación y falta de regulación que proteja jurídicamente los derechos laborales, sociales y de salud de los trabajadores migrantes.
Finalmente y luego de muchos años intentando conseguir el compromiso de la mayor parte del mundo para ratificar convenios relacionados a este tema, el 1 de Julio de 2003 entró en vigor el “Convenio Internacional sobre la Protección de Derechos de los Trabajadores Migratorios”, una propuesta que no terminaba de concretarse desde que la Convención de las Naciones Unidas en 1990 instó a todos los Estados a adoptar medidas especificas para proteger a todos los trabajadores migratorios y a sus familiares y para crear un marco jurídico y político que conlleve a la eliminación de su trafico, trata y explotación, así como de todo tipo de manifestación de racismo, discriminación racial y de genero, xenofobia e intolerancia en su contra.

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